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Hace un par de meses me acostumbré a consultar la sección "Agenda " del periódico El Correo , donde aparecen todas -o muchas- de las actividades que se pueden hacer un día cualquiera en Bilbao (es especialmente útil cuando estás aburrido, y puedes descubrir cosas sorprendentes). La consulté en muchas ocasiones, la verdad, y así me enteré de exhibiciones de magia, proyección de cortos, exposiciones de fotografía, pintura, arquitectura, y, lo que nos ocupa en este artículo: las clases de Go.
En su día yo ya había mostrado algún interés por este juego. La verdad es que no recuerdo ni por qué, ni cómo llegué a enterarme de su existencia, pero supongo que aparecería en algún manga o película oriental. El caso es que tampoco tenía con quién jugar en su momento, así que, al final, acabé por dejarlo un poco apartado. Pero en este caso volvía a encontrarme con él en forma de “actividad social” promovida por el ayuntamiento y organizada por la Escuela de Go de Bilbao. Curioso. Nos acercamos al Tapelia, que es donde se organizaba el evento. Preguntamos a la camarera a ver si era allí lo del Go, y nos respodió que efectivamente así era, y que el encargado estaría a punto de llegar. Esperamos. Miguel Angel -que así se llamaba el que se encargaba de la actividad- llegó tarde. Tampoco importaba, porque no teníamos otra cosa que hacer. Comenzó a explicarnos la historia del Go, sus reglas y el significado que tenía para él y lo que le había aportado a su vida. Me resultó muy interesante, y no pude evitar comparar ciertas cosas que nos comentaba con el Kungfu (supongo, que después de todo, la filosofía oriental está presente en todo lo que hacen). Después de eso comenzamos a jugar, pero en realidad ya casi me pareció un mero accesorio al resto de cosas que nos había contado. Lo que más me gustó de esa tarde fue precisamente eso: el estar allí, escuchando la charla que nos dio Miguel Angel y aprendiendo algo nuevo. Fue una pena que Miguel Angel tuviera que marcharse. Nos dejó allí, esperando a un compañero suyo cuya charla no me resultó tan interesante. No obstante, él puso interés en explicarnos las cosas y en asistirnos en la partida que nos pusimos a jugar. La verdad es que nos retuvo más de lo que hubiéramos querido. Al salir de allí, recuerdo haberme quedado pensativo. Me gustan ese tipo de actividades que dejan cosas en tu mente y te hacen pensar. Fue una gran experiencia, que espero repetir. Os animo a que os apuntéis. |